Enero suele empezar con buenas intenciones. “Este año voy a organizarme mejor”, “voy a estudiar más”, “voy a cuidarme”, “voy a cambiar esto que no me gusta de mí”.
Al principio hay ganas, incluso ilusión. Pero a medida que pasan las semanas, muchas veces aparece otra sensación: cansancio, desmotivación y la idea de que “otra vez lo he dejado”.
Si te pasa, no eres raro ni débil. Le pasa a mucha más gente de la que imaginas.
El problema no es querer cambiar cosas. El problema aparece cuando empiezas a exigirte demasiado y demasiado rápido. En redes, en clase o entre amigos parece que todo el mundo avanza, se organiza mejor o tiene más claro lo que quiere.
Y entonces llega la comparación.
Empiezas a pensar que si no mantienes lo que te propusiste es porque no vales o no te esfuerzas lo suficiente. Y ahí empieza el bajón.
Tu cerebro no funciona a base de motivación
Aunque no lo parezca, no es solo cosa tuya. El cerebro necesita tiempo para adaptarse a los cambios. No le gustan las obligaciones nuevas ni los cambios bruscos, y cuando se cansa, busca volver a lo conocido.
Por eso no mantener una rutina no significa que hayas fallado. Significa que eres humano.
Muchas veces el malestar no viene de dejar algo, sino de cómo te tratas cuando pasa. Frases internas duras, compararte con otros o pensar que “siempre te pasa lo mismo” hacen que te sientas peor y con menos ganas de intentarlo de nuevo.
En mi consulta psicológica en Estepona, hago una terapia en la que trabajamos justo esto: aprender a hablarte con más respeto, incluso cuando no cumples lo que te propusiste.
No necesitas hacerlo todo bien para estar bien. A veces cambiar consiste en entender qué te está costando, bajar el nivel de exigencia y empezar por algo pequeño y posible.
Si en este comienzo del año te has sentido frustrado, quizá no necesitas más fuerza de voluntad, sino un poco más de comprensión contigo mismo. ¡Inténtalo!
Soy Isabel Romero, psicóloga sanitaria. Te puedo acompañar si necesitas desarrollar recursos internos para convivir mejor con tus emociones y con los retos de la vida diaria. ¿Hablamos?