En los últimos años, el acoso escolar ha adquirido nuevas formas y mayor visibilidad. Ya no se limita al aula: las redes sociales han amplificado la violencia, haciendo que el sufrimiento no tenga descanso. Pero ¿qué hay detrás de esta escalada?
El filósofo Byung-Chul Han nos ofrece una mirada distinta. Según él, vivimos en una sociedad que ya no impone normas desde fuera, sino que nos impulsa a rendir constantemente. Esta “sociedad del rendimiento” produce individuos cansados, aislados, sin tiempo para el vínculo. Y ese agotamiento emocional también se refleja en los adolescentes.
En este contexto, el bullying puede entenderse como una forma de violencia nacida del cansancio y la desconexión. Muchos jóvenes agresores no son “malos” en esencia, sino que actúan desde su propio malestar: frustración, baja autoestima, miedo a no pertenecer. Golpean simbólicamente al otro para no enfrentarse a su propio vacío.
Por otro lado, las víctimas suelen ser jóvenes más sensibles, diferentes o que no encajan en el molde del éxito. En un entorno hipercompetitivo, la diferencia molesta porque recuerda la fragilidad. Así, la violencia se convierte en una forma de “descargar” la tensión colectiva.
Los padres también sufren este cansancio. Muchos se sienten desbordados, inseguros sobre cómo intervenir o incluso culpables. Por eso, el acompañamiento psicológico familiar es esencial. Desde mi consulta en Estepona de la psicología sanitaria, trabajamos para restaurar la empatía y enseñar habilidades de comunicación emocional tanto a agresores como a víctimas.
¿Qué sufrimiento origina esa conducta?
El acoso escolar no se resuelve solo con sanciones, sino con presencia emocional, educación afectiva y espacios seguros de escucha. Es necesario que las familias, los docentes y los profesionales de la salud mental aprendamos a mirar más allá de la conducta, hacia el sufrimiento que la origina.
Reconocer que un adolescente agresor también necesita ayuda no es justificarlo, sino ofrecerle una oportunidad para transformar su rabia en comprensión. Y, del mismo modo, acompañar a la víctima implica fortalecer su autoestima, pero también su capacidad de pedir ayuda sin culpa ni vergüenza.
El antídoto contra el acoso no es solo la sanción, sino la empatía sostenida en el tiempo. Enseñar a los jóvenes a identificar su cansancio, a cuidarse y a reconectar con el otro desde la comprensión y el respeto.
Si notas señales de acoso o cambios de conducta en tu hijo o hija —aislamiento, irritabilidad, desinterés, tristeza—, busca apoyo profesional. En mi consulta en Estepona encontrarás un espacio de escucha y orientación para adolescentes y familias que quieren romper el círculo del cansancio y la violencia, recuperando la confianza, la calma y la conexión emocional.
👉 Isabel Romero, psicóloga sanitaria. Acompaño a jóvenes y familias a desarrollar recursos internos para convivir mejor con sus emociones y con los retos de la vida diaria. ¿Hablamos?