Septiembre siempre trae consigo un aire de comienzo. Nuevos cursos, nuevas rutinas, reencuentros con compañeros y, en muchos casos, también la incertidumbre de cómo serán las relaciones que nos acompañarán durante los próximos meses. Para muchos jóvenes, el colegio o el instituto no solo es un lugar de aprendizaje académico, sino el escenario donde se construyen (o se rompen) amistades que marcan profundamente su bienestar emocional.
Hoy más que nunca, hablar de amistad y salud mental es necesario. Las redes sociales, lo viral y lo “que se lleva” parecen dictar lo que debemos ser, lo que debemos hacer e incluso con quién debemos relacionarnos. Sin embargo, esa versión filtrada de la realidad no siempre refleja lo verdaderamente importante: la calidez del contacto humano, la confianza que se genera en una conversación sincera, o la fuerza que nos da sentirnos comprendidos por alguien que nos aprecia tal y como somos.
¿Qué diferencia hay entre un buen amigo y un simple seguidor?
Es fácil confundir la popularidad con la amistad. Tener muchos seguidores, recibir likes o ser parte de un grupo que se mueve en bloque puede parecer lo más deseable. Pero la verdadera amistad no se mide en cifras ni en viralidad, sino en la capacidad de estar, escuchar y sostener al otro en momentos de dificultad.
¿Cómo saber si una amistad es sana?
¿Qué hacer si me siento solo o excluido en el grupo?
En la terapia en consulta recibo cada vez más jóvenes que llegan sintiéndose aislados, incluso estando rodeados de gente. La presión de las pandillas, los comentarios hirientes o los “boicots” por ser diferente hacen que algunos se encierren en sí mismos.
Si te sientes solo, hay pasos sencillos que pueden ayudarte:
Recuerda: no estar dentro de un grupo grande no significa que no puedas construir amistades reales y profundas.
¿Por qué es importante desconectar de las redes sociales?
La comunicación digital facilita estar en contacto, pero también puede convertirse en un refugio superficial. Hablar cara a cara, reír juntos, compartir un silencio cómodo… son experiencias que fortalecen la amistad de una manera que ningún emoji puede reemplazar.
Muchos jóvenes me dicen: “Me siento solo, aunque tengo muchos contactos en redes”. Eso ocurre porque la cantidad de conexiones virtuales no sustituye la calidad de las relaciones reales. Lo viral no es lo vital.
¿Cómo ayuda la terapia psicológica en las relaciones de amistad?
Las relaciones sanas se sostienen en el respeto y la confianza. Para poder recibir eso de los demás, primero necesitamos reconocerlo en nosotros mismos. La terapia psicológica puede ayudarte a:
✨ Soy Isabel Romero, psicóloga en Estepona. Acompaño a jóvenes que quieren fortalecer su autoestima y aprender a construir amistades más sanas y auténticas. Si la presión social, la soledad o las amistades dañinas te están frenando, recuerda que no tienes que enfrentarlo solo. Siempre es posible encontrar tu voz, tu lugar y rodearte de personas que sumen en tu vida. ¿Hablamos?