Con la llegada de las vacaciones de verano, muchos adolescentes disfrutan de más tiempo libre. Pero ese cambio de ritmo también puede hacer que afloren algunas dificultades emocionales o conductas que durante el curso pasan más desapercibidas. Desde mi consulta de psicología en Estepona, veo cómo el verano puede ser una excelente oportunidad para trabajar ciertos aspectos clave del bienestar psicológico juvenil: desde la gestión emocional y los síntomas obsesivos, hasta el fomento de la creatividad o la implicación de la familia.
1. TOC en jóvenes: señales que no debemos ignorar
El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) suele comenzar en la adolescencia, aunque a veces cuesta identificarlo. No se trata solo de manías o costumbres, sino de pensamientos repetitivos e intrusivos que generan mucha ansiedad, y que la persona intenta calmar con rituales o conductas repetitivas. Por ejemplo, lavarse las manos constantemente o revisar muchas veces si se ha cerrado una puerta.
Durante el curso escolar, la rutina puede enmascarar estos síntomas. Pero en verano, al tener más tiempo libre y menos estructura, es frecuente que se hagan más evidentes. En mi consulta, trabajo con las familias para que aprendan a identificar estas conductas y sepan cómo acompañar a sus hijos sin reforzarlas. Además, el verano es un buen momento para iniciar pequeñas exposiciones controladas que ayudan al adolescente a manejar la ansiedad sin recurrir a rituales.
2. Cuando las emociones desbordan: enseñar a regularlas
Muchos jóvenes tienen dificultades para identificar lo que sienten y ponerle nombre. A veces se enfadan sin motivo aparente, se aíslan, o pasan de la euforia al bajón en poco tiempo. Esa «montaña rusa emocional» no siempre es un problema grave, pero sí puede interferir en su bienestar si no aprenden a regularse.
En verano, al haber menos obligaciones, es un buen momento para trabajar estrategias que les ayuden a entender sus emociones y a responder de forma más equilibrada. En consulta usamos ejercicios sencillos como el diario emocional, técnicas de respiración, o la revisión de pensamientos para fomentar una mirada más flexible y calmada.
3. Creatividad como vía de expresión emocional
A muchos adolescentes les cuesta hablar de lo que sienten, pero pueden expresarlo a través del arte, la música o la escritura. Las llamadas terapias expresivas —como la arteterapia o la musicoterapia— son herramientas muy valiosas, especialmente en verano, cuando hay más tiempo para explorarlas.
En Estepona tenemos la suerte de contar con un entorno muy inspirador. Propongo a menudo a mis pacientes que aprovechen este tiempo para pintar, escribir, componer o simplemente crear. Estas actividades no sólo les relajan, sino que también les ayudan a conectar consigo mismos y expresar cosas que a veces no saben decir con palabras.
4. Involucrar a la familia y al entorno: una pieza clave
A menudo pensamos que la terapia se limita a la consulta, pero no es así. Los cambios más profundos ocurren cuando implicamos a la familia, los amigos y el entorno. Por eso en verano, cuando se convive más tiempo en casa, es muy útil revisar dinámicas familiares, establecer rutinas saludables y buscar actividades compartidas.
Desde salidas culturales hasta tareas en casa o participación en proyectos comunitarios, todo cuenta para que el joven se sienta acompañado, útil y valorado. Como terapeuta, suelo trabajar con las familias para definir pautas claras, fomentar la comunicación y reforzar los vínculos, que son la base de una buena salud emocional.
Un verano para crecer desde dentro
El verano puede ser mucho más que descanso: es una oportunidad para mirar hacia dentro, conocerse mejor y construir recursos que acompañen a los jóvenes durante todo el año. Detectar dificultades como el TOC, aprender a regular las emociones, expresarse creativamente y fortalecer el entorno familiar son cuatro pilares que pueden marcar una gran diferencia.
Desde mi consulta en Estepona, acompaño cada verano a adolescentes y familias que deciden aprovechar este tiempo para crecer y cuidarse. Porque también en vacaciones, la salud mental importa. ¿Hablamos?